Todos los días mi primera tarea de la mañana consiste en dar un paseo con Ringo; en realidad lo de Ringo es una excusa porque a estas alturas ya no se quien disfruta más de esos momentos, si él o yo. Busco caminos de tierra solitarios, cerca de casa, sin reloj, sin móvil, sin hora fija para volver … un verdadero lujo slow. Ringo hace sus cositas, corre, huele todo lo que se pone a su alcance, ladra a las vacas y ovejas y persigue cabras montesas. Yo camino, observo, escucho, huelo, … y entre lo uno y lo otro, y en función de la estación en la que estemos, cojo flores, encuentro algún fósil, como moras, hago fotos, o simplemente disfruto de pasear.
Hoy quiero presentaros a Ringo porque presiento que va a tener un papel protagonista en este blog. El verano pasado decidimos introducir un perro en nuestras vidas, y después de un cuidado proceso de selección llegó a casa Ringo, nuestro querido Schnauzer miniatura. Queríamos un perro de tamaño reducido con dos requisitos de gran importancia: que no soltara pelo y tampoco babas …y dimos con él.
Slowers es un proyecto que se inspira en la vida rural y como no podía ser de otra forma, nosotros vivimos en un pueblo, en uno de los de verdad, de esos que están a 45 minutos en coche de la ciudad más cercana, que no es es una capital de provincia sino una ciudad de 30.000 habitantes (para que os hagáis una idea, no es bastante grande como para tener Zara). Vivir en un pueblo tiene muchas ventajas, y algún que otro pequeño inconveniente, de las que os iré hablando poco a poco en este blog. Pero para abrir boca os diré que para mí una de las principales es abrir la ventana cada día y poder ver esto sin salir de casa.
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